Un protocolo entra como documento y sale como un número: cuántos de nuestros pacientes sobreviven cada criterio de elegibilidad, y cuál es el criterio que cierra la cohorte.
Sabemos para cuáles de ellos hay población aquí, criterio por criterio. Eso es lo que hay detrás de la contraseña.
Se sube el PDF del protocolo. Sus criterios se traducen a reglas y se aplican uno por uno contra la base. El resultado muestra dónde se pierde la gente y qué criterio conviene negociar con el patrocinador.
Se rastrea ClinicalTrials.gov y se separan los ensayos que ya tienen sede en Florida de los que no. Estos últimos son los que se pueden pedir, y se filtran por laboratorio.
Cohortes por condición, severidad inferida por medicamento, comorbilidades, principios activos, diagnósticos y brechas de calidad. Todo en conteos, nunca en pacientes.